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viernes, 28 de noviembre de 2008

17 Discusion

17. DISCUSIÓN

 

CRITICA A LOS CRITERIOS, DIRECTRICES Y RECOMENDACIONES OFICIALES RESPECTO A LOS ÁCIDOS GRASOS POLIINSATURADOS

 

Como se comentó y explicó ampliamente en la introducción y en el marco teórico, durante las primeras décadas del siglo XX se incorporaron de manera progresiva y creciente a la dieta humana ácidos grasos artificiales (AGAs) de origen industrial, producto de las nuevas tecnologías de producción de aceites y grasas, previamente inexistentes.

 

También se mencionó como, desde que se inicio la incorporación de AGAs a la dieta humana, diversos investigadores manifestaron su desacuerdo, duda y preocupación por el impacto que las nuevas sustancias lipídicas artificiales de origen industrial, pudieran ocasionar en el cuerpo humano.

 

Los investigadores y autores mencionados, manifestaron su desacuerdo, argumentando que los aceites benéficos para el ser humano son únicamente aquellos prensados en frío, sin refinar, envasados de manera que san protegidos del oxígeno, la luz y el calor; utilizados crudos, y sin calentar.

 

Indicaron que solamente este tipo de aceites denominados vírgenes, son fuente de ácidos grasos esenciales biológicamente activos, benéficos para la salud del ser humano; y que en consecuencia, todos los aceites poliinsaturados, tratados con calor, y/o hidrogenados y/o refinados, contienen ácidos grasos artificiales, biológicamente inactivos, que son severamente tóxicos y causantes de diversos problemas de salud por insuficiencia de ácidos grasos esenciales, y que agudizan los trastornos por insuficiencias o carencias previas.

 

Los autores e investigadores mencionados sostuvieron que todos los aceites que tienen ácidos grasos poliinsaturados son sumamente inestables a diversos factores, y que sufren modificaciones que los tornan tóxicos, principalmente al entrar en contacto con temperaturas que superen los 45º C; pero también al ser hidrogenarlos, y/o refinarlos, separándolos de los demás nutrientes que de forma natural los acompañan en sus fuentes originales, y que también, al ponerse en contacto con el oxígeno, o con la luz sufren transformaciones que los hacen tóxicos. (17, 18)

 

De acuerdo a estos criterios, todos los aceites comerciales obtenidos por prensado en caliente, y/o hidrogenados, y/o refinados, puestos por cualquier razón en contacto a temperaturas superiores a los 45º C, conservados de manera inadecuada, expuestos a la luz y al oxígeno, o también utilizados para cocinar o freír alimentos, son severamente tóxicos, nocivos para la salud e inadecuados para su consumo.

 

A todo lo largo del siglo XX se realización diversas investigaciones y experimentos que dieron origen a nuevos conocimientos en diversos campos del saber humano en relación a bioquímica y nutrición, con los que se fueron haciendo cada vez más patentes, evidentes y demostrables los efectos tóxicos y letales que los AGAs ocasionan tanto en el ser humano, como en los animales de experimentación. Conforme avanzaron las investigaciones se fue corroborando y aceptando que los AGAs son dañinos, y por lo tanto, los productos que los contienen, son nocivos y no aptos para su consumo.

 

No obstante la abrumadora evidencia científica, debido a la fuerte influencia de los lobbies de la industria alimentaria en los gobiernos y en diversas instituciones públicas de sanidad, y centros de enseñanza profesional, durante muchos años, las autoridades sanitarias se negaron a aceptar la nocividad de los AGAs, y por lo tanto a reglamentar y limitar su producción y consumo.

 

Sin embargo, finalmente, después de muchos años de controversiales debates, ante la contundencia de la demostración científica, los organismos sanitarios, no tuvieron otra opción que reconocer y aceptar que los AGAs son perjudiciales para el ser humano, abocándose a elaborar directrices, normas y recomendaciones de protección al consumidor.

 

Como ejemplo, se reglamentó el etiquetado de los alimentos industrializados y se obligó a los industriales y comerciantes, a indicar en las etiquetas de sus productos el contenido de AGTs (19); se recomendó limitar los AGTs a un máximo de un 1 % de la ingesta calórica total, y en algunos lugares como en New York, se prohibió a los restaurantes la utilización de aceites hidrogenados, pretendiendo con estas medidas suprimir los AGTs.

 

En la actualidad, casi todos los “productos comestibles” que se ofrecen en el mercado, indican en su etiqueta el contenido teórico de “Grasas Trans”; en la mayoría de los productos que se revisaron para esta disertación, la etiqueta tiene impreso: “Grasas Trans” = 0. Sugiriendo que los AGTs han sido suprimidos en los alimentos industrializados y que quien consume dichos productos se encuentra libre y debidamente protegido de esas sustancias nocivas.

 

Pero, como se explicará a continuación, esas afirmaciones son erróneas, ya que los lobbies de la industria alimentaria han logrado imponer falsos criterios para definir e identificar los AGTs.

 

Durante varias décadas se impusieron un conjunto de premisas falsas sobre los AGAs, con el objeto de promover la venta y el consumo de los aceites y las grasas industrializadas. Por medio malabarismos retóricos y publicitarios, se hizo creer al consumidor, que los aceites y grasas industrializadas eran benéficas para la salud humana, e incluso se afirmó que eran mejores que los aceites y grasas de origen animal; al mismo tiempo se calumnió y desacreditó a quienes se oponían al consumo de esos productos, como por ejemplo a las doctores Hug Macdonald Sinclair, Catherine Kousmine y Johanna Budwig.

 

Ante el triunfo de la verdad científica y ver finalmente fracasada la estrategia comercial basada en engaños, los lobbies de la industria aceitera, se han abocado ahora a la tarea de sesgar los conocimientos y los resultados de las investigaciones científicas, y para crear definiciones confusas, erróneas y falsos criterios de identificación.

 

Entre otros ejemplos, han logrado hacer creer que los términos ácido graso trans y ácido graso hidrogenado son sinónimos de una misma sustancia. En base a discernimientos falsos, han argumentado que con suprimir la hidrogenación de los aceites, aun cuando estos hayan sido prensados y/o procesados a temperaturas superiores a su punto de descomposición (que se inicia a los 45º C), carecen de AGTs, siendo aptos para el consumo humano, y benéficos para la salud. Esta estrategia fundamentada en premisas y criterios falsos, ha permitido a la industria aceitera, que los aceites y grasas industrializadas puedan continuar siendo colocadas sin oposición ni obstáculos legales en el mercado, suprimiendo en los procesos industriales, solo un paso, el de la hidrogenación, pero conservando todos los demás pasos que deterioran los ácidos grasos poliinsaturados convirtiéndolos en biológicamente inactivos y tóxicos.

 

La industria alimentaria ha logrado así, imponer sus falacias a los gobiernos, institutos educativos, instituciones de salud pública, y asociaciones profesionales, estrategia cuya finalidad ha sido favorecer la venta de sus productos, sin importar el daño causado al consumidor.

 

La estrategia de la industria alimentaria ha consistido fundamentalmente en hacer creer los siguientes puntos:

 

  1. La conversión de los grasos cis-cis a cis-trans es el resultado de la hidrogenación de los aceites poliinsaturados, conversión en la que nada o poco tiene que ver la temperatura utilizada en este o en otros procesos de industrialización.
  2. La denominación cis-trans e hidrogenado son sinónimos de una misma e idéntica molécula de ácido graso. No existe diferencia entre un ácido graso cis-trans y un ácido graso hidrogenado.
  3. Los aceites procesados con temperaturas superiores a los 45º C, si no se hidrogenan, se encuentran libres de AGTs.
  4. Los aceites industrializados con calor (a temperaturas superiores a los 45º C) y  refinados son aptos para el consumo humano, siempre y cuando no estén hidrogenados.
  5. Los aceites poliinsaturados industrializados pueden ser utilizados para freír alimentos sin sufrir alteraciones químicas que afecten la salud humana.
  6. Los alimentos que se expenden actualmente en el comercio, si son elaborados con aceites poliinsaturados industrializados con calor, pero no hidrogenados, se encuentran libres de AGTs, y son aptos para el consumo humano.
  7. En algunas ocasiones, de una manera confusa, se acepta que los AGTs son producidos por las altas temperaturas, pero se asegura que se requieren muy elevadas temperaturas para producirlos.

 

Estas falacias han sido unánimemente aceptadas sin oposición, resistencia y discusión por los burócratas encargados de los ministerios de salud y educación pública, así como por distintas asociaciones, academias y colegios de profesionales de la salud. De tal manera que en las definiciones de los documentos oficiales de organismos internacionales como la Comisión del Codex Alimentarius (de la ONU), la Asociación Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Panamericana de la Salud (OPS), las agencias gubernamentales o ligadas al gobierno de los Estados Unidos, tales como el Departamento de Agricultura y Ganadería, la Food and Drug Administration (FDA), el National Heart, Lung, and Blood Institute (Instituto Nacional del Corazón, Pulmones y Sangre) del National Institutes of Health (Institutos Nacionales de Salud), así como las asociaciones de profesionales de la salud como la Asociación Médica Americana (AMA), la Asociación Americana del Corazón (AHA: American Heart Association), la American Dietetic Association (ADA); y también los institutos de salud pública de otros países como por ejemplo el Instituto Nacional de la Nutrición de México, sostienen de manera sistemática, uniforme y unánime un mismo criterio:

 

Los AGTs y los AGHs son una misma e idéntica sustancia, no hay diferencia entre ellos.

 

Los ácidos AGTs son producto de la hidrogenación de los aceites poliinsaturados, si un aceite no se hidrogena, aunque sea procesado con calor, se encuentra libre de AGTs, y por lo tanto es inocuo y apto para su consumo. (Véase la definición creada y publicada por la FDA en su sitio de Internet  http://www.cfsan.fda.gov/~dms/stransfa.html)

 

Solo las temperaturas muy elevadas pueden producir AGTs, de manera que los aceites prensados y procesados en caliente, así como los utilizados para freír alimentos en la industria restaurantera, la industria alimentaria, o en el hogar, si no son hidrogenados, carecen de AGTs y por lo tanto de efectos tóxicos.

 

De la misma manera, en la mayor parte de la literatura científica, técnica, profesional y comercial se encuentra, con algunas variantes de poca importancia, el mismo y unificado criterio mencionado en el párrafo anterior.

 

En consecuencia, si alguna persona se preocupara por investigar el tema, encontrará casi sin excepción la misma idea, por lo que se sentirá irresistiblemente obligado a aceptar sin discusión, lo que se creería que ya innumerables “expertos en este tema” han dejando uniformemente establecido.

 

Siendo este un gran triunfo de la industria alimentaria para lograr evitar que los gobiernos prohíban la extracción, tratamiento y refinación en caliente de los aceites vegetales poliinsaturados para consumo humano, protegiendo los intereses económicos de las corporaciones industriales, sin importar el daño al consumidor.

 

Por lo tanto, el propósito central de esta disertación ha sido demostrar que los AGTs y los AGHs son moléculas estructuralmente diferentes, producidas por causas distintas, aunque ambas son severamente tóxicas. Que los AGHs son producto de la incorporación de átomos de hidrógeno en las ranuras ubicadas en sus dobles ligaduras (saturación) y que los AGTs, son producidos por el calor, con temperaturas a partir de los 45º C. Que en consecuencia todos los aceites que contienen ácidos grasos poliinsaturados obtenidos, o procesados con calor, o utilizados para cocinar o freír alimentos, aunque no se hidrogenen, contienen variables concentraciones de AGTs, que los hace nocivos para la salud y no aptos para el consumo humano.

 

Bajo esta perspectiva, resulta irrelevante que los aceites poliinsaturados estén o no hidrogenados, ya que si estos han sido prensados o procesados en caliente, de todos modos serán aceites tóxicos.

 

Por eso es que resultan sumamente criticables las directrices, declaraciones y recomendaciones oficiales sobre los ácidos grasos poliinsaturados.

 

Como ya se comentó, en la mayoría de las recomendaciones oficiales de los organismos de sanidad, y de la literatura tanto profesional, como comercial, en donde se aborda éste tema, se afirma que para evitar la ingesta de AGTs se requiere y basta con suprimir de la dieta las margarinas y los aceites hidrogenados. Con esa medida se asegura, estará el consumidor a salvo y debidamente protegido de los perniciosos efectos de los AGTs.

 

Por ejemplo, cuando un consumidor acude a un establecimiento comercial va a encontrarse con etiquetas como la de la imagen de la figura 14, en donde la lista de ingredientes indica que tiene aceite de soya (que ha sido prensado y refinado en caliente), no obstante, en la parte en donde informa sobre el contenido de AGTs, dice grasas trans = 0 (Trans fat 0g / %).

 

Etiqueta de panecillo marca Oroweat.

 

Acidos grasos 4

 

Figura No 14.

Esta imagen muestra la etiqueta de un panecillo de la marca Oroweat, en donde se puede observar que como ingredientes especifica tener aceite de soya, en la tabla de nutrición indica que tiene 0 grasas trans.

Tomada de: Envoltura del pan Oroweat.

 

En algunas etiquetas, de manera contradictoria, se indica que el producto tiene aceites hidrogenados y en donde muestra el contenido de grasas trans dice 0.

 

Después de leer las declaraciones y recomendaciones oficiales lo menos que puede pensar el consumidor se sentirá completamente protegido del potencial daño que ahora se sabe, los AGTs, pueden producir en el ser humano.

 

Sin embargo, como se explicará, eso no es cierto, se trata de mentiras urdidas por la industria alimentaria, para que el consumidor continúe consumiendo sus “productos comestibles artificiales” sin temor a ser intoxicado y dañado.

 

En efecto, la Dra. Catherine Kousmine (junto con la Dra. Johanna Budwig) quien se erigió como una gran autoridad en el tema de las grasas, sostiene que la transformación de ácidos grasos cis-cis (AGCs), a ácidos grasos cis-trans (AGTs), se inicia cuando un aceite poliinsaturado es sometido a temperaturas a partir de los 45º C hacia arriba, la que se alcanza fácilmente con solo aumentar la presión con que se exprime una semilla oleaginosa para obtener una mayor cantidad de aceite, aunque el prensado se haga en frío.i (20).

 

Catherine Kousmine, Johanna Budwig y el doctor e investigador Hug Macdonald

Sinclair, señalaron que el calentamiento de los aceites poliinsaturados los hace tóxicos e impropios para su consumo.

 

Sinclair advirtió que la implementación de las nuevas tecnologías para la producción de aceites, margarinas y otros productos oleosos, con la finalidad de aumentar su rendimiento, mejorar su conservación, facilitar su transporte, y aumentar su vida de anaquel, acarreaban una dramática reducción del aporte de ácidos grasos esenciales y reclamaban algún tipo de actuación para corregir el desequilibrio dietético.

 

Explicó que siendo los ácidos grasos poliinsaturados de configuración cis-cis, sumamente inestables y lábiles, mudan fácilmente su estructura molecular al ser expuestos a la luz, el oxígeno o el calor. Que a temperaturas de 45º C en adelante se incrementa su inestabilidad y una diversa proporción de ácidos grasos poliinsaturados empiezan a cambiar su forma de una cis-cis, a otra cis-trans. Mientras más elevada sea la temperatura, y/o más tiempo estén los aceites en contacto con el calor, más ácidos grasos cis-trans se producirán.

 

Actualmente, los aceites poliinsaturados son sometidos durante su proceso de industrialización a una cadena de pasos en los que por lo menos en tres se utilizan temperaturas mayores, y de hecho, muy superiores a los 45º C: 1. Las semillas oleaginosas utilizadas por la industria aceitera, son exprimidas a temperaturas muy elevadas, superiores los 100º C. 2. Los aceites así obtenidos tienen una apariencia, un olor y un sabor sumamente desagradables, por lo que luego son refinados con métodos cuyas temperaturas alcanzan casi los 200º C. 3. Por último, son parcial o totalmente hidrogenados a temperaturas superiores a los 200º C, con la finalidad de aumentar su vida de anaquel, o de modificar su textura y consistencia.

 

El último paso, el de la hidrogenación es en el que por lo general se utilizan las mayores temperaturas durante un mayor lapso de tiempo, razón por la cual, es éste el paso en el que se produce una mayor cantidad de AGTs, sin embargo en los otros dos pasos anteriores, también se producen AGTs.

 

Pero ahora, se pretende que con la supresión del último paso, dejando inalterables los dos primeros, se evita la generación de AGTs.

 

Las Doctoras Catherine Kousmine y Johanna Budwig (como ya se mencionó, dos eminentes investigadoras, ampliamente reconocidas a nivel mundial), dedicaron muchos años de su vida a indagar y denunciar el daño que los aceites y las grasas industrializadas producen al ser humano. Ambas, lograron acreditarse como autoridades en este campo, aun a pesar de que las industrias alimentarias y en especial la aceitera, y algunos burócratas de los gobiernos e instituciones de salud, han tratado de denigrarlas, desprestigiarlas y ridiculizarlas, desautorizando con ellos sus enseñanzas.

 

Después de muchos años de controversia, algunas de sus afirmaciones y enseñanzas han sido corroboradas y aceptadas por la ciencia moderna. Otra parte de sus enseñanzas aun no son plenamente aceptadas.

 

Las recomendaciones de estas dos grandes figuras de la dietética y la nutriología moderna, incluyen cinco premisas fundamentales:

 

  1. Todos los aceites obtenidos con temperaturas superiores a los 45º C son tóxicos, nocivos y para la salud humana, y en consecuencia no aptos para su consumo.
  2. Todos los aceites refinados, por el simple hecho de ser refinados y despojados de todos los demás nutrientes que en forma natural los acompañan, son tóxicos y nocivos para el cuerpo humano.
  3. De entre todos los aceites poliinsaturados, aunque estuvieran prensados en frío, no refinados y no hidrogenados, ninguno se puede utilizar para cocinar o freír alimentos, ya que al hacerlo, se producirán AGTs.
  4. Ningún aceite, aunque esté prensado en frío, y no refinado, si no se encuentra debidamente protegido en envases de cristal ámbar, herméticamente cerrados y colocados en lugares frescos, son aptos para el consumo humano, ya que la luz, el aire y la temperatura del medio ambiente los descomponen rápidamente.
  5. Solamente, los aceites vírgenes, de primera presión en frío, y que no han sido sometidos a otras manipulaciones más que a las de sedimentación, centrifugación y filtración, sin calor, son no tóxicos y aptos para el consumo humano.ii

 

Es importante hacer notar que los AGTs, aun cuando se tornan tóxicos al cambiar sus propiedades químicas, biológicas (pues se convierten en biológicamente inactivos y tóxicos) y físicas, como su punto de fusión, cristalización y ebullición, siguen siendo ácidos grasos mono o poliinsaturados.

 

Un aceite prensado o refinado a temperaturas superiores a los 45º C contendrá siempre, variables concentraciones de AGTs, aun cuando no haya sido hidrogenado.

 

La hidrogenación en cambio, procedimiento que permite reducir la oxidación de los aceites al destruir sus dobles enlaces, y/o crear grasas vegetales, sólidas o semisólidas, se realiza introduciendo moléculas de hidrogeno en las ranuras de los dobles enlaces de los ácidos grasos mono o poliinsaturados. Este procedimiento se realiza elevadas temperaturas, de entre 250 a 400º F, durante varias horas, en presencia de un catalizador metálico, que puede ser níquel o platino. El resultado de este procedimiento, es la destrucción del ácido graso ya sea mono o poliinsaturado. La hidrogenación destruye los dobles enlaces, así como la molécula misma, dando origen a un ácido graso artificialmente hidrogenado (saturado), distinto a los que existen en la naturaleza y tóxico. Los ácidos grasos hidrogenados, pueden ser parcialmente hidrogenados, con la desaparición de uno o algunos de sus dobles ligaduras, dando lugar a ácidos grasos monoinsaturados de configuración trans, o totalmente hidrogenados, transformándolos de ácidos grasos insaturados, a ácidos grasos artificialmente saturados.

 

Con la hidrogenación, los AGHs dejan de ser insaturados (ya sea mono o poliinsaturados), en cambio, los AGTs siguen siendo insaturados. Sin embargo, ambos, los AGTs y los AGHs, aunque diferentes en su estructura y en la causa que los origina, son artificiales, producto de la industrialización, severamente tóxicos, nocivos para la salud, y causa de un sinnúmero de trastornos y enfermedadesiii

 

Es necesario enfatizar y tener en cuenta además, que ningún aceite poliinsaturado, aun cuando haya sido prensado en frió, puede utilizarse para cocinar o freír, porque al hacerlo, se producirán AGTs.

 

Para entender bien este aspecto es conveniente observar con cuidado y detenidamente las diferencias existentes en la estructura química de los ácidos grasos. En la figura No 15 que se muestra a continuación se puede ver la forma del ácido linoleico en sus diferentes isómeros: cis-cis, cis-trans, parcialmente hidrogenados, y totalmente hidrogenado.

 

Obsérvese la diferencia en la forma geométrica, pero también en la cantidad de dobles enlaces, así como la supresión parcial o total de las dobles ligaduras en los ácidos grasos hidrogenados, y como el acido graso cis-trans, sigue siendo poliinsaturado.

 

Formulas estructurales de los distintos isómeros del ácido linoleico.

Isómero del ácido linoleico cis-cis

Isómero del acido linoleico cis-trans

 

AGT 07

 

 

 

 

AGT 18.jpg

 

Isómero del ácido linoleico parcialmente hidrogenado

Isómero del ácido linoleico totalmente hidrogenado

 

AGT 17.jpg

 

AGT 18.jpg

Figura No 15.

Formulas estructurales de los distintos isómeros del ácido linoleico. Aquí se puede apreciar la diferencia tanto en la formula estructural, como en la forma geométrica, existente entre el ácidos linoleico de configuración cis-cis, y los isómeros artificiales de origen industrial.

 

[ii]Incluso, un aceite de primera presión en frío, no siempre garantiza su inocuidad y calidad.


Más adelante, Sinclair se interesó por la escasa prevalencia de enfermedades “modernas” en los esquimales, y se embarcó en una ambiciosa expedición a Groenlandia y Canadá con el fin de estudiar la dieta de los indígenas. Dio gran importancia al pescado y a la carne de foca, por lo que se abocó a estudiar los beneficios nutricionales de esta última, experimento con el mismo y durante varios meses se alimentó exclusivamente a base de este mamífero marino.

[iii]Algunos de los efectos de los trans sobre la salud del ser humano

a. Perfil lipídico
Se ha visto que los ácidos grasos trans aumentan el colesterol total, el colesterol LDL (o colesterol malo) y además, disminuyen el colesterol bueno o HDL.

b. Trombos
Los trans parecen fomentar la síntesis de sustancias llamadas eicosanoides, tales como prostaglandinas y tromboxanos de las clases que favorecen la formación de trombos. Los trombos tienen una alta correlación con la enfermedad cardiovascular.

c. Enfermedad cardiovascular
Dado que los trans favorecen el aumento de los principales factores de riesgo vinculados con enfermedad cardíaca coronaria, al tiempo que, acrecientan el riesgo de padecerla y éste es paralelo al incremento en el consumo de los mismos (efecto dosis-dependiente). Su efecto supera, gramo a gramo, el efecto que se le adjudica grupalmente a los ácidos grasos saturados.

d. Infarto de miocardio
Algunos datos muestran que el consumo de trans de larga data, se correlaciona con una mayor incidencia de infarto de miocardio y cardiopatía isquémica.

e. Resistencia a la insulina, síndrome metabólico y diabetes mellitus
Se ha observado que los trans favorecen desórdenes metabólicos tales como una actividad anormal de la hormona insulina (principal reguladora de varios procesos en el organismo), lo cual se denomina “resistencia a la insulina” y es la base de diferentes enfermedades como la diabetes tipo 2.

f. Cáncer
El desarrollo de algunos cánceres como el de seno, colon y recto se han correlacionado positivamente
g. Depresión de la respuesta inmune
Se ha propuesto que con el consumo de ácidos grasos trans, especialmente con dietas con alto contenido de los mismos pueden afectar la inmunidad (defensas). (6,14).

h. Utilización de ácidos grasos esenciales
En algunos estudios hechos en animales y en seres humanos se ha visto que los ácidos grasos trans parecen impedir el uso correcto de los ácidos grasos esenciales y la formación de sus derivados. Lo anterior, entre otros, obstaculiza la producción del ácido araquidónico (AA) y del ácido docosahexaenoico (DHE), los cuales son fundamentales para el crecimiento y desarrollo de los niños, especialmente la retina (área visual) y el sistema nervioso.

i. Lactancia materna, peso y longitud al nacer
Ciertas investigaciones han mostrado que recién nacidos de mamás con consumos moderados y altos de trans, tienen bajo peso al nacer e incluso son de talla pequeña (5).


i Macdonald Hugh Sinclair, MS, DSc, FRCP, (4 de febrero de 1910 - 22 de julio de 1990) experto en nutrición humana de la Universidad de Oxford, definió y clasificó lo que el considero "enfermedades de la civilización", entre las que incluyó enfermedades coronarias, cáncer, diabetes, inflamación, accidentes cerebrovasculares y enfermedades de la piel, las cuales se agravan por el consumo de "grasas malas". Fuente:              ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

ii Incluso, un aceite de primera presión en frío, no siempre garantiza su inocuidad y calidad.   Si la etiqueta dice además que dicho aceite esta refinado (aunque se añada por otro lado que es un aceite muy puro, es imposible que haya sido prensado en frío.   Un verdadero aceite virgen de primera presión en frío, tiene que haber sido prensado a menos de 40º C. Pero para ser más precisos, haría falta también que la etiqueta mencionara que las semillas o los frutos oleaginosos no hayan sido precalentados, ni secados en una estufa con calor. En estos casos, inútil seria realizar la presión de los aceites a temperaturas inferiores de los 40º C, si previamente ya han sido calentados a temperaturas de 50º e incluso 70º C que se suelen utilizar.   Además, para ser lo más exactos posible, <<las semillas tendrán que estar integras, no deberán estar picadas, ni estropeadas, y habrán de ser recolocadas a mano del mismo árbol; y tendrán que ser de cultivo biológico (orgánico) sin insecticidas, ni pesticidas>>. Además, los aceites de primera presión en frío, deberán ser guardados en un embase de cristal de color ámbar, libre de oxigeno, y una vez abiertos, colocados en un frigorífico para evitar su rápida rancidez. (Gianfranco Montedoro. Aceite: variedad y tecnologías que tienen influencia sobre su calidad. Terra et Vita nº 48. 1988. Citado por el Dr. Francine Drieu en su artículo titulado “Estudios comparativos sobe los aceites”, el cual fue publicado en el primer boletín de la Asociación Médica Kousmine Internacional). (Philippe Gaston Besson. Alain Bondil. André Denkean. Philip Keros. Los Cinco Pilares de la Salud. Editorial Integral. Barcelona, España. Pág. 67. ).     En 1956 Hug Macdonald Sinclair, investigador de ciencias de la nutrición, publicó enLancetun artículo, en el que comunicaba los resultados de sus experimentos y los fundamentos de sus teorías sobre la importancia de los ácidos grasos esenciales en la patogenia y fisiopatología de la arteriosclerosis y de otros padecimientos que en el título de su escrito englobaba en un amplio “etcétera”: alteraciones del sistema nervioso, lesiones epiteliales o trombosis coronaria.

iii Algunos de los efectos de los trans sobre la salud del ser humano

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